Retén el ímpetu de tu lengua lenguaraz,
domina el impulso fácil y casi audaz,
recuerda que vive en ti un arma mordaz,
tan fiera como una leona hambrienta,
tan peligrosa como una cobra atenta,
tan mortal como una fusta violenta.
Retén las palabras en tu interior, no seas cruel,
saborea esa saliva amarga, en venta,
recuerda que la palabra que es afrenta
se adhiere al alma como la humedad a la piel,
dañan al otro sin ninguna piedad,
destruyen el afecto sin necesidad,
y puede que, un día, por dignidad,
atormentes tu ego en tu íntima soledad.
Maldita la voz que fustiga,
maldita la lengua que hostiga,
maldita la sangre sin filtros que lastima.
Bendito sea el discreto silencio,
si enmudece la voz envenenada.
No desenfundes la palabra osada
para atormentar a otros con desprecio.
Sé como el viento en el álamo alado,
apenas un susurro sublime y deseado.








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