La princesa
La princesa de este cuento está triste,
su melancolía va más allá
de una calabaza o de un simple chiste.
Más turbada está la
pobre mamá:no consigue por sus
méritos propios,
casar a su hija con el gran Rajá.
Qué urna de cristal
sin grano, ni acopios.
Llora la princesa sin su zapato,
la aya busca el cántaro de los opios.
Sin comida el pueblo,
yo sin boato.
En el ventanal, la niña suspira
por el jardinero de trato grato.
Mísera está, en el
castillo de la ira.
Muerto es, quien endulza la fértil tierra
si no hago de la astucia mi mentira.
El Rajá me oirá o será
la guerra.
¿Buen aya, es hora de ir al jardín?,
tengo el alma en pena y mi ánimo yerra.
¿Porqué el Rajá me
agasaja sin fin?
Ámame junto a la acequia dorada,
cultiva en mí, la raíz del jazmín.
Quiere tomar mi carne
bronceada.
Esta noche cuando salga el lucero,
en mi cuarto te espero ilusionada.
Será un concubinato
placentero.
Tengo de jazmín el vientre cuajado,
mi culpa viene de ti, jardinero.
Dejaré la turbación
por el grado.
¡Madre mía, que estoy enamorada!,
de ese guapo gañán, nuestro criado.
Del harén me haré dueña
bienamada.
¿Morirás bajo el hacha sanguinaria?
No, mientras sea princesa preñada.
El criado a la
mazmorra corsaria.
Pobre de mí, gestaré oculta y sola,
sin el calor de su dulce plegaria.
El niño será del Rajá,
aureola.
Mi hijo será el vástago de mi madre,
¿pero se tragará el Rajá esta bola?
El rajá no reparó en
el descuadre.
Soy la princesa más desdichada,
sin hijo, sin amor y sin caladre.
su melancolía va más allá
de una calabaza o de un simple chiste.
casar a su hija con el gran Rajá.
Llora la princesa sin su zapato,
la aya busca el cántaro de los opios.
En el ventanal, la niña suspira
por el jardinero de trato grato.
Muerto es, quien endulza la fértil tierra
si no hago de la astucia mi mentira.
¿Buen aya, es hora de ir al jardín?,
tengo el alma en pena y mi ánimo yerra.
Ámame junto a la acequia dorada,
cultiva en mí, la raíz del jazmín.
Esta noche cuando salga el lucero,
en mi cuarto te espero ilusionada.
Tengo de jazmín el vientre cuajado,
mi culpa viene de ti, jardinero.
¡Madre mía, que estoy enamorada!,
de ese guapo gañán, nuestro criado.
¿Morirás bajo el hacha sanguinaria?
No, mientras sea princesa preñada.
Pobre de mí, gestaré oculta y sola,
sin el calor de su dulce plegaria.
Mi hijo será el vástago de mi madre,
¿pero se tragará el Rajá esta bola?
Soy la princesa más desdichada,
sin hijo, sin amor y sin caladre.
Juan E. Liébana Cazalla


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