“Pienso, luego éxito”
René
Descartes
Desde la oscuridad infinita de tu ser,
le intuyes como una bruma indefinida.
Crees percibir que su presencia torcida,
tiene un único fin, confundir tu saber.
Armadura bruna, entidad maldita,
vives agazapada en el interior,
para confundir la realidad exterior,
para confundir la certeza bendita.
Eres como enlodada agua del arroyo
que no corre, que se estanca y corrompe
que produce un olor fétido que rompe,
en la náusea de la turbación y el embrollo.
Perverso espectro del ser. ¿No serás tú
quién le haces dudar de la verdad?
Recelas, turbado de la turbia realidad.
Conviertes todo lo que tocas en tabú.
¿Qué es cierto? ¿Qué, incierto?
Dudar de lo que te rodea es humano.
Tú, duda nefasta, eres el falaz villano
que le hace desconfiar de lo descubierto.
¿Y si te engañan tus ojos y los extraños?
¡No será obra de este duende la falsedad!
¿Forma parte la sospecha de la gran verdad?
¡Cómo saberlo, si vives entre fríos engaños!
Buscar la verdad, aceptarla y creer en ella,
exige una prueba de identidad siempre bella.
Juan E. Liébana Cazalla


















