“Dios ha muerto. Dios sigue muerto. Y nosotros lo hemos
matado”
Friedrich
Nietzsche
Tú que significas veracidad y seguridad,
principio y fin último de todo lo existente.
Tú que eres garantía e inigualablemente,
¿dónde ocultas tu eterna singularidad?
¡Dios, te hemos matado por crueldad!, sin comprender que tu esencia ardiente
es el vigor de nuestro faro luminiscente,
nuestra posibilidad de soñar sin ansiedad.
¿De dónde vendrán la respuesta y la piedad?
Hemos perdido tu oráculo polivalente
donde refugiarnos de la maldad creciente
que arruina nuestra vida de tempestad.
No hay fuente ni surtidor de la cordialidad.
La mar se emponzoñó de peste maloliente.
Moriremos sedientos, nos falta la deidad.
No habrá luz en el universo, todo será frialdad,
no habrá asidero consistente que sea eficiente,
no habrá capacidad de amar arrebatadamente,
ni gloria donde buscar el placer de la fidelidad.
La oscuridad nos cegará con su maldad,
porque tu luz se extinguirá eternamente,
sin un atisbo de culpabilidad de tu gente,
como una avara vela agota su luminosidad.
La voluble humanidad está de luto inconsciente,
no les afecta que Dios repudie su trono regente.
Juan E. Liébana Cazalla

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